Capítulo Cuatro
Cuando te das cuenta
Su cara es como un libro abierto. No hace falta decir nada para saber su próxima queja, pero en serio, esa ropa me ponía de los nervios. Esta mañana, cuando hemos llegado al pueblo, he comprado una pieza de ropa más adecuada para una mujer. Ahora mismo estoy sentado en una de las mesas de este bar, contrataron esta guardaespaldas para protegerme, pero en vez de eso está preparando un plan de asesinato para mi. Parece que no le ha gustado para nada el hecho de que la obligue a vestir como diós manda.
-¿En serio tengo que llevar esto?-Se queja.
-Las mujeres no deben enseñar el ombligo todo el tiempo- le contesto.
-Que idiota-dice para si misma.
-¡Te he oído!
-Era la intención.
-Oye, aunque no te guste sigo siendo tu cliente.
Después de decir esto me levanto y dejo el dinero sobre la mesa. Ya en la puerta, Leia se inclina haciendo una reverencia:
-Usted primero mi señor -dice a modo de burla.
Ya ni me molesto en seguir su broma, simplemente la ignoro y salgo del edificio. Al darme cuenta de que mi ''guardaespaldas'' no me sigue, me giro rápidamente. Su mirada se dirige hacia el interior del bar, algo ocurre.
-¿Qué ocurre?
Se dirige a mi a paso rápido y me acerca su boca al oído.
-No esperaremos a mañana. Esta misma noche nos iremos al siguiente destino.
-¿No dijiste que era muy peligroso ir de noche por esa ruta?
-Tu hazme caso.
Se adelanta y sigue andando en dirección a la plaza. Le miro fijamente la espalda, sus cicatrices son lo primero que se cruza por mi mente, por un momento siento como si me dolieran a mi. Recuerdo que se puso nerviosa cuando se dio cuenta de que no llevaba la capa, por eso fingí no haber visto nada. Mientras pienso en esto, llegamos al mercado. Hay unas cuantas paradas con comida y ropa situadas en la plaza principal.
Se adelanta y sigue andando en dirección a la plaza. Le miro fijamente la espalda, sus cicatrices son lo primero que se cruza por mi mente, por un momento siento como si me dolieran a mi. Recuerdo que se puso nerviosa cuando se dio cuenta de que no llevaba la capa, por eso fingí no haber visto nada. Mientras pienso en esto, llegamos al mercado. Hay unas cuantas paradas con comida y ropa situadas en la plaza principal.
**********
Nos alejamos del sitio a toda prisa. A pesar de todo, no he soltado la mano de esa muchacha, aunque mejor dicho... Ella no ha querido soltarme.
Una vez hemos comprado todo lo necesario para el viaje, nos dirigimos hacia la posada donde se suponía que íbamos a pasar la noche para recoger lo que hemos dejado allí. Leia no ha bajado la guardia desde que salimos del bar, no para de mirar a todas partes, está muy rara. Algo está pasando y me irrita bastante el hecho de que no me diga nada, si hay algo peligroso aquí, nos concierne a los dos.
-¿Se puede saber que ocurre?- le digo un poco molesto.
-No lo sé -contesta sin vacilación.
-En serio, si hay algún problema quiero saberlo.
-Ya te he dicho que no lo sé.
-¿Y a qué viene esta preocupación?
-Instinto, algo que a ti te falta.
Justo en el instante que termina de hablar, empiezan a sonar gritos. Son de una mujer. Provienen del callejón que hay dos calles abajo. Nos quedamos callados y nos miramos el uno al otro. Por la cara de ella diría que pretende fingir no haberlo oído, pero yo no puedo taparme las orejas y hacer como si nada. Los gritos se vuelven a oír, ''ayudadme'' es la palabra que escuchamos. De repente, Leia toma mi brazo y tira de él con fuerza, me pide que me olvide de esto y nos vayamos. Antes de que pueda replicarle, una mujer sale cojeando de entre la oscuridad. Me giro rápidamente para descubrir una joven llorando en el suelo. Tiene heridas en las piernas y viste con ropas muy sucias. Se acerca arrastrándose por el suelo, su mano atrapa mi ropa, está temblando. Sus lágrimas no paran de caer, mi corazón se encoge. Segundos después aparece la silueta de un hombre, las manos que me retienen aprietan más fuerte. Esa silueta se revela como un señor de unos cuarenta años, de fuerte complexión y aspecto de delincuente, lleva un bastón en mano y su cara refleja enojo. Trago saliva, aunque lo dudo por unos segundos, extiendo mis brazos y me planto frente a él, dejando a Leia detrás de mi. Sé que no soy nada, que me caeré al primer golpe, que probablemente solo me esté haciendo el héroe y que si el hombre no me mata lo hará mi guardaespaldas. Se para justo delante de mi, tuerce su cuello como si me examinara y se ríe con confianza. Alza el bastón al aire. Cierro los ojos y me preparo para el impacto, imagino el dolor antes de sufrirlo en carne propia y aguanto la respiración por un momento. Oigo la voz de Leia, me está insultando. Pasan los segundos y no siento nada, cuando abro los ojos de nuevo, veo una de las visiones más hermosas que jamás volveré a tener.
La chica por la cual yo no daba ni una moneda está parada frente al gigante. Con expresión indiferente, manda por los aires el bastón. En cuestión de segundos se pone en pose para luchar. Sus piernas se mueven con gracia, el hombre duda por unos instantes y da un paso atrás con inseguridad. Leia no retrocede, aprovecha y, con una patada increíblemente rápida, le golpea en la rodilla haciendo que la montaña frente a ella se doble un poco. Con el orgullo herido, se vuelve a levantar para golpearla. Sin embargo, ella esquiva todos los golpes con rápidamente, parece que esté bailando entre los movimientos de su adversario. Hay momentos en que la pierdo de vista. Su cara no muestra ningún síntoma de agotamiento, no obstante, su contrincante no logra seguir su rimo. En el momento justo, ella se para a su espalda y lo tumba de un fuerte codazo en la cabeza. El hombre finalmente es derrotado y cae inconsciente al suelo.
**********
-Señor, ¿Verdad que Sekitsui es una bruja?
Cuando por fin logramos respirar a salvo tras una larga carrera, me doy cuenta de que Leia está muy cabreada. Me la quedo mirando sin saber bien que decir o como reaccionar, pero ella no tarda en cambiar el ambiente... Su expresión pasa del enojo a la indiferencia, como cuando luchaba hace solo un momento. Deja la marca de su mano por toda mi cara.
-¿Eres un poco idiota no? -me dice con una voz calmada.
-¡¡¿A qué viene esto?!! -le grito enfadado.
-Te engañan con facilidad -sigue diciendo como si nada.
-¡¿Esto es por querer defender una mujer?!
Sin responderme, coge y tira fuertemente del brazo de la chica, que hasta el momento aún no se había soltado de mi mano. De una sacudida la trae frente a ella, no para de temblar. La analiza de arriba a abajo sin mostrar ninguna clase de emoción. Sin decir una sola palabra, la aleja de mi arrastras, el miedo a que haga una locura pasa por mi cuerpo, poniéndome alerta de lo que sucederá. Intento pararla y hablar con ella, pero esos ojos fríos no se dirigen a mi ni una sola vez.
Tratándola como una muñeca rota, la tira al suelo sin ninguna clase de miramiento y saca su daga. Se me pone la piel de gallina y, pensando en lo peor, aprisiono su muñeca con toda mi fuerza. A pesar de eso, se libra de mi mano de una sola sacudida y me empuja hacia atrás. Con su pie retiene el pecho de la temblorosa joven, la cual debe estar aterrorizada en este momento. Leia clava la daga con fuerza y rabia en el suelo, justo al lado su cuello. Mientras añade presión en el pie, privándola de cualquier forma de escapar.
-¡¡YA BASTA!! -le grito muy fuerte.
-Estoy trabajando, no me molestes -dice sin apartar la vista de ella.
La chica me mira pidiendo ayuda a través de sus ojos, las lagrimas empiezan a caer de nuevo y empiezo a entender las intuiciones del jefe de la posada.
-¿Qué pensabas hacer con esto?-sigue hablando Leia.
-Ayu... Ayúdame...
Quita el pie de encima la chica y, acto seguido y sin vacilar, la levanta del suelo tirando de su ropa. Como si se tratara de un trapo sucio, la estampa contra la pared.
-¡¡Leia ya basta, déjala en paz!!
Me ignora... Se acerca a ella, la cual se ha desmayado del golpe, y registra el único bolsillo que tenía en sus lamentables ropas. Viene hacia mi y me tiende un pequeño objeto en la mano, es una botella de cristal con un líquido azul en el interior.
-¿Recuerdas el veneno por el cual llevas el brazo vendado? -dice Leia en voz baja- Pues este podría matarte aún más rápido. Te han encontrado.
En este mismo instante el estómago empieza a dolerme y siento que todo a mi alrededor empieza a caerse. Es como si lo que me está ocurriendo ahora no fuera real. He tenido la muerte pegada a mi todo el rato sin darme cuenta, he bajado la guardia por el aspecto inofensivo de esa muchacha y casi me cuesta la vida.
**********
Leia está hablando con el dueño de la posada, a unos metros de la mesa donde estoy sentado. Con la cabeza apoyada en la palma de mi mano, miro por la ventana a unos niños que juegan delante del local. Suelto un amplio suspiro, me siento un completo inútil. Desde lo ocurrido, no paro de pensar en lo mucho que la he subestimado... Nunca había visto moverse a nadie con esa soltura, casi no veía ni como sus pies tocaban el suelo, nada que ver con una simple matona. No solo es más fuerte de lo que yo seré en toda mi vida, tiene un instinto de peligro como el de un animal salvaje. Intento imaginar como habría sido su vida hasta antes de contratarla, y como lo seguirá siendo luego. ¿Porqué una niña como ella se ve tan mayor? Tiene mucho peso bajo esa pequeña espalda. Cuando pienso en ello me doy cuenta de lo idiota que soy cada vez que me lamento de mi vida, de cómo las cosas me van siempre mal. Nunca me ha faltado nada, a pesar de las cosas duras que me hayan sucedido, siempre ha habido alguien a mi lado que me ha ayudado, ¿A quién ha tenido una chica que pudo ver fácilmente las intenciones de una mujer de apariencia desdichada? No confía en nada ni nadie, es alguien que ha pasado por mucho.
Llega un momento en el que me canso de pensar en cosas tan duras, necesito un poco de aire. Salgo un momento del local para sentarme al borde del abrevadero de caballos. Los niños que hasta ahora había estado observando desde la ventana me señalan varias veces mientras hablan entre ellos, parece que han pausado su juego. Se acercan a mí y me rodean en forma de semicírculo. El más pequeño, un chico rubio que rondará los siete años, se adelanta un poco del grupo. Al acercarse un poco me doy cuenta de que en realidad es una niña.
-Señor, ¿Verdad que Sekitsui es una bruja?
La pregunta me pilla un poco por sorpresa, hacía ya años que no oía ese nombre. Antes, cuando aún vivía con mi familia y un amigo venía de visita son su hermano pequeño, para que se estuviera quieto le decíamos que vendría Sekitsui a llevárselo por hacer demasiado ruido. Ahora que lo pienso, era un poco estúpido... No tenía la fama de secuestrar niños, de echo, ella misma era una niña. Cuando te hablaban de ella nunca hacían referencia a la joven, siempre lo hacían a su predecesora. Nunca te decían sobre sus crímenes, sino de los que podía cometer si no la mataban. Las veces en que la Sekitsui asesinaba no eran escasas, pero casi siempre resultaban ser ladrones o asesinos. Nunca entendí porqué la suma de dinero por cazarla era tan alta siendo una simple asesina que apenas debía tener unos doce años, siempre tuve la impresión de que había mucho más sobre ella de lo que el reino permitía saber a la gente... De todos modos dejé de pensar en ello durante el tiempo que me escondí en la posada, ni siquiera recordaba el nombre y mucho menos su apariencia.
-Usted también piensa lo mismo ¿A que sí?- insistía la niña.
-¡No, ella tiene sangre de bestia, me lo dijo mi padre y él no miente!-dijo otro chico mientras se adelantaba unas pasas.
-Sekitsui desciende de los dragones.-replicaba otro desde una esquina.
Estos niños solo quieren que un adulto les diga quién está en lo correcto, entonces los otros no lo podrán negar. Me recuerdan a las gemelas que me despertaban cada mañana, cuando discutían sobre una diferencia de opiniones, siempre acudían a su padre para que él les diera la razón.
-¡Ella tiene el pelo blanco como las brujas!
-Pero sus ojos son rojos como el de las bestias.
Uno de los niños que aún permanecían en el semicírculo se me acerca. Lleva un papel en sus manos, parece que lo ha arrancado de algún sitio. Me mira en silencio por unos segundos antes hablar.
-¿Usted qué cree? ¿Qué se supone que es?-me pregunta mientras saca el papel.
Por un momento me quedo de piedra al ver el dibujo. Empiezo a recordar su aspecto en los carteles de hace años. Esa mirada, aún si es un simple dibujo puedo saber inmediatamente que la he visto antes. Ni siquiera han pasado tres horas desde que vi esa expresión.
-¿Estás listo para empezar el camino?- dice una voz detrás de mi.
El niño coge el cartel rápidamente y se larga junto con los demás, que se han cansado de esperar a que les conteste. Cuando por fin me incorporo, Leia se quita por un momento la capucha y me mira a los ojos.
-¿Ya has salido de el trance o tendré que esperar otra hora más?
En ese momento intento inventar mil excusas para no creer en mis propias sospechas. La chica enfrente mio tiene el pelo dorado, además, ¿cómo una persona podría cambiar el color de sus ojos? No son rojos, sino de un hermoso verde. Rita había confiado en ella para hacer de guardaespaldas, es imposible que ella sea Sekitsui. A pesar de esos pensamientos, no puedo dejar de sentir que estoy en lo cierto. Su forma de actuar, de pelear, todas esas cicatrices... Si solo hubiera sido por su aspecto no la habría reconocido o simplemente habría pensado que tienen similitudes. Pero esa expresión, esa mirada... Eso es lo que me convencía de que era ella.
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