sábado, 22 de septiembre de 2012

Sekitsui (2)

Capítulo dos

Rita

 

La sala esta inundada de un silencio abrumador, incluso este grandullón permanece callado esperando mi reacción. En este preciso momento empiezo a reír, todos me miran desconcertados. Mi risa le pone nervioso.

-¡¡Estás loca!!-Empieza a gritar furioso.
-Eres un completo idiota-digo entre carcajadas-si quieres hacerte pasar por uno de ellos aprende a dibujar primero, si hasta se te corrió la tinta de las espinas.

Aprovecho su confusión, me agacho y una vez al suelo le hago caer girando mi pierna y golpeando fuerte las suyas. Lo dejo en evidencia ante toda la gente del bar. Empiezan a reír con toda confianza, me asquean. Me considero lo bastante fuerte como para enfrentarme a este tipo de personas, pero si llego a ser una comerciante de paso me habría dado una paliza y ellos no se habrían dignado a socorrerme. Les lanzo una mirada de odio y me largo del local de un portazo. Parece que esto les molesta.

Nunca en mi vida había visto el tatuaje de Black Thorn, supuse que era falso por la personalidad del tio más que por los múltiples defectos del dibujo. Si se supone que eres de un gremio como este, lo último que harás será revelar tu identidad delante de mucha gente, un asesino como diós manda siempre busca la mejor manera de matar sin ser descubierto. Pero la verdad es que me sorprendió mucho al principio, aunque era consciente de la trampa no me esperaba que el símbolo de este gremio fuera una rosa tan parecida a la que llevo en mi estómago. Esto me despierta gran curiosidad, pero no arriesgaré mi vida por descubrir algo que no solucionará mis problemas. Seguiré adelante con el plan original de vivir tranquilamente el mayor tiempo posible. Por la noche me encamino otra vez en dirección hacia el este. Con la fama que tiene este pueblo no es como para quedarse en una posada, estoy segura que sería una de las pocas veces en que mis ''alarmas'' caseras me serían de utilidad. Prefiero no arriesgarme.

Aunque mi cuerpo se mueve y camina hacia el destino que deseo, mi mente está en otra parte imaginando las cosas que haré cuando llegue. A pesar de que mi vida no sea lo que deseaba de pequeña, soy feliz a mi manera. Mis padres me enseñaron a buscar la felicidad incluso en la situación más oscura, a convivir con mis penas y encontrar lo bueno que hay delante de mi. No me gustaría hecharme a perder y vivir amargada hasta el día de mi último aliento, eso sería desperdiciar la segunda oportunidad que me dieron. Tras pensar en todo esto me siento más animada y acelero un poco el paso. Aseguro mi capucha, levanto la vista y sigo mi camino.

**********

El hombre enfrente mío no parece muy contento. Le he propuesto trabajar para él si me permite dormir en la posada. Me saca a empujones del edificio, incluso me tropiezo en la salida. Oigo un gruñido y un portazo a mis espaldas. ''No es para tanto'' digo para mi misma.

-¿Otra vez en lios? -dice la chica enfrente mio.
-Invitame a algo de comer y te lo cuento -contesto de forma natural.
-Deja de bromear. ¿Te parece normal ir llamando la atención de esta forma? Si yo te he reconocido es seguro que otros también pueden hacerlo.
-Tengo hambre.
-Mira que eres idiota... Venga, pero no te acostumbres.

Me ayuda a incorporarme y me guía al interior de la posada. El hombre de la recepción hace una reverencia en el momento que cruzamos la puerta. Al momento, levanta la cabeza y mira a mi amiga con admiración.

-Sea bienvenida señorita Rita, es un honor tenerla con nosotros hoy.
-No hace falta ser tan formal.-contesta Rita con una voz suave.
-Le tengo preparada una mesa en el mejor sitio de la posada.-lo contesta el dueño bajando de nuevo la cabeza.

Nos dirige hacia una sala distinta a la del comedor. Es una habitación pequeña pero elegante, al centro hay una mesa blanca y redonda la cual está llena de adornos tallados en la madera. Tiene unas patas que juegan a ser hojas dobladas de la más elegante forma. Una tela de azul claro se posa encima de ella, tiene bordes de puntilla hechos con un gusto increíble. En el centro se posa un jarrón lleno de rosas blancas rodeado de platos de comida realmente apetitosa. Al lado, hay un ventanal enorme que da al hinvernadero, fuera se pueden apreciar unos hibiscos. Más al fondo hay otras flores, todas distintas pero hermosas en conjunto. Plantas enredaderas cuelgan de la ventana y nos invitan a admirar el espectáculo de color que hay afuera. El hombre se adelanta a mi compañera y le prepara la silla con un gesto de respeto. En cuanto ella se sienta mientras suelta un suave gracias de su boca, el dueño me dirige una mirada de desagrado y me muestra que tanto detesta que esté cerca de alguien tan noble como Rita. Lo ignoro y me siento para saborear la tan apetitosa comida que hay ante mi.

-No creí que te encontraría aquí-digo mirando a mi plato-Pensaba que te habían ofrecido un trabajo como consejera en la ciudad central.
-Rechacé la propuesta, mi trabajo es proteger las personas, no hacer papeleo detrás de una mesa y mandar a otros en mi lugar.
-¿Y no se enfadaron por rechazarles? Ya sabes como son esas personas, demasiado orgullosas.
-Están muy cabreados conmigo, pero no por su orgullo... Tienen miedo, si me dieron ese trabajo fue simplemente para mantenerme alejada. Desde hace tiempo que investigo a mis superiores, tienen negocios que no quieren que descubra.
-Y déjame averiguar, viniste aquí para investigar.
-Exacto. Últimamente han desaparecido algunas personas en este pueblo. El hecho de que la noticia no haya llegado a oídos de la gente en los alrededores es por la gran habilidad en la que mis superiores han escondido la mierda.
-Deberías tener cuidado, esas personas te tienen en su punto de mira...

Hay una breve pausa en la conversación.

-En una lástima-dice repentinamente.
-¿Eh?
-Tu pelo. Era tan largo y bonito, y aún así lo dejaste tan corto... Incluso lo teñiste de rubio.
-¿Que querías que hiciera? Ir por allí con el pelo totalmente blanco llamaría demasiado la atención. Además, lo prefiero así de corto.
-Entonces quizá me lo corte yo también-me dice con una sonrisa.
-Déjate de bromas. ¡Me gusta mucho el tuyo, así que ni se te ocurra arruinarlo!

Rita es un joven brillante. A muy temprana edad ha sido capaz de conseguir un alto puesto en el ejército real. Sin embargo, su meta es distinta de las que tienen las otras personas de su rango. Ella es una persona que realmente se preocupa por proteger a los inocentes, una especie de heroína con una moral firme. Una mujer fuerte, hermosa e inteligente que ha sido capaz de vivir en un ambiente perteneciente a los hombres sin renunciar jamás a su feminidad. También es poseedora de unos dotes de liderazgo increíbles. Ella fue capaz de ver a través de mi y ayudarme cuando de verdad necesité una mano a la cual aferrarme, aunque esa es otra historia.

Sin darme cuenta, la conversación ha perdido ese ambiente tenso y me he relajado. Le hablo de mi situación actual y algunas anécdotas de mis viajes. Confieso que estoy teniendo algunos problemas en encontrar  trabajo en el pueblo, nadie se fía de una desconocida, cosa que no me extraña luego de oír sobre las desapariciones. Ella sonríe bajo el manto de luz que entra por la ventana. El olor de las flores se mezcla en el aire y nos regala una agradable sensación. La calma del cuarto y el buen sabor de la comida es algo que no podría explicar con palabras. Por un momento despierto de mi pequeña fantasía y dirijo mi mirada hacia el invernadero, alguien nos está mirando. Hay un chico escondido entre las plantas del fondo, parece que está tan metido en si mismo que ni siquiera se da cuenta de que lo estoy mirando. Sus ojos están concentrados en Rita, su expresión revela sus emociones. Contempla a mi amiga como si de una obra de arte se tratara. Cuando al fin se da cuenta de que lo estoy observando gira su cabeza y se retira rápidamente.

-¿Por casualidad sabrías si el dueño de este local tiene un hijo?-le digo a Rita sin dejar de mirar por la ventana.

-Tres en realidad. Un chico de dieciocho años que vive en otro pueblo y dos gemelas de siete. El que se ocupa del invernadero es la cocinera de la posada. 
-Si que eres cercana con esta gente.
-Hace poco más de un mes arresté a un extorsionador que les estaba dando problemas, desde entonces suelen invitarme.
-Ya entiendo. Después de todo podrían escribir un libro sobre ti. 
-Es solo mi trabajo. 

********** 

Hace ya un rato que Rita ha estado hablando con ese hombre. Quiero irme a probar suerte en otro sitio, pero sería muy maleducado marcharme antes que ella. Después de cinco minutos más, se acerca y me pide que hable con el dueño en la recepción. Se aproxima un poco más a mi y me da una palmada en la espalda, empiezo a sospechar de que era la conversación de hace un momento. Me muestra una sonrisa alentadora y desaparece por el arco de la puerta, ''lo harás bien'' es lo último que dice antes de irse. Creo que gracias a ella he encontrado un trabajo.